¿Qué es el DCA?

 ¿QUÉ ES EL DAÑO CEREBRAL SOBREVENIDO?

El Daño Cerebral Sobrevenido (DCS) hace referencia a lesiones cerebrales que irrumpen de manera brusca e inesperada en la trayectoria vital de las personas afectadas provocando secuelas muy variadas y complejas que afectan, en una gran cantidad de casos, profundamente a la autonomía del/a afectado/a y que pueden durar el resto de su vida. Estas lesiones en las estructuras cerebrales del sistema nervioso central se traducen en déficit físicos, cognitivos y psicosociales, así como alteraciones en el ajuste social, familiar y escolar debido a la presencia de problemas de conducta.  

LAS SECUELAS Las secuelas del DCS son muy diversas y se pueden producir en distintos niveles de gravedad:

·   Trastornos motores: inmovilidad de diferentes partes del cuerpo, hemiplejia, trastornos de la marcha, trastornos del tono postural (hipotonía, espasticidad), temblores.

·   Trastornos sensoriales: afectación de la visión, audición u olfato, alteraciones de la propiocepción, hemiparesia.

·   Trastornos orgánicos: traqueotomía y alteraciones respiratorias, disfagia, problemas de control de esfínteres.

·   Trastornos cognitivos: desorientación, problemas de la atención, alteraciones en el nivel de alerta, trastornos de la percepción, alteraciones del lenguaje y la comunicación, de la memoria, trastornos del cálculo y el razonamiento numérico y disfunciones ejecutivas.

·   Trastornos emocionales: ansiedad, depresión, apatía.

·  Trastornos conductuales graves: infantilismo, inadecuación a las situaciones sociales, impulsividad, hiperactividad, agresividad…  

Estas secuelas suelen originar distintos grados de discapacidad y dependencia, como consecuencia de lo cual las personas que lo sufren precisan de apoyo y de atención especializada para poder desarrollar sus habilidades y lograr su máxima readaptación. 

LOS TIPOS DE DCA

  • ACV (Accidente Cerebrovascular), también conocido como Ictus (“Golpe”), Ataque cerebral o apoplejía:

          -Isquémico (disminución del flujo sanguíneo que llega al cerebro). Suponen el 85% de los casos. Puede ser trombótico (trombosis cerebral: coágulo de sangre que obstruye una arteria cerebral) o embólico (embolia cerebral: coágulo de sangre que se ha formado lejos del lugar de la obstrucción).     -

          -Ataque Isquémico Transitorio (AIT): amago de ictus que no suele dejar secuelas pero que puede repetir. Se considera un signo importante para establecer pautas de prevención en la persona que lo ha sufrido.    

         -Hemorrágico (rotura de una arteria o de una malformación arteriovenosa). Son menos frecuentes pero comprometen más la supervivencia debido a que aumentan la presión intracraneal.

    • TCE (Traumatismos Craneoencefálicos): Puede producir lesiones focales o difusas.

    • Tumores cerebrales

    • Enfermedades infecciosas del SNC (encefalitis, meningitis, etc.)

    • Hidrocefalia: aumento patológico del líquido cefalorraquídeo en la cavidad craneal. Produce el aumento de la presión intracraneal.

    • Epilepsia: Una crisis epiléptica es una descarga excesiva y sincrónica de una agrupación neuronal.

    • Anoxia cerebral (falta de oxígeno en el cerebro) por ahogamiento, apnea, intoxicaciones, infarto de miocardio, etc.

    • Enfermedades degenerativas del SNC: Alzheimer, Parkinson, Esclerosis Múltiple, Corea de Huntington, demencia por SIDA, etc.

     El DCS se ha convertido actualmente en una de las causas más importantes de discapacidad crónica en las sociedades avanzadas como la nuestra. Según J. M. Muñoz Céspedes (2002) “nos encontramos ante una discapacidad mixta, poco conocida y emergente responsable de un importante porcentaje de las grandes minusvalías en nuestro tiempo, así como de las personas que precisan ayuda de terceras personas, en especial por la pérdida de funciones organizativas. Esta tendencia resulta convergente entre los países de nuestro entorno, planteando desafíos de atención tanto en el ámbito de la salud como en el del bienestar social”. 

    ESTADÍSTICAS

    ·         En cuanto a sexo y edad, hay una mayor prevalencia de varones con DCS por debajo de los 65 años (19’7%) frente a las mujeres (10’9%). Por encima de los 65 años, en cambio, esta tendencia se invierte aunque más igualada: el número de mujeres con DCS es mayor (39’05%) que el de hombres (30’4%). 

    ·         Cuando nos referimos a diagnósticos concretos, la prevalencia del ACV es mayor (83’2%) que la del TCE (19’5%).

    ·         Con respecto al ACV, en general se produce el mismo número de casos en varones que en mujeres aunque la incidencia es algo mayor en hombres. En cuanto a edad, el pico más alto de incidencia se produce entre los 65 y 84 años. Más de la mitad de los ingresos tienen secuelas graves (en esta situación se sigue manteniendo la proporción entre hombres y mujeres, un 7’8% mayor en varones). Sólo entre los 45 y 64 años el número de hombres dobla al de mujeres. 

    ·         En cuanto al TCE, en general, el número de varones duplica al de las mujeres. Sin embargo, entre los 15-54 años lo triplica y cuando el diagnóstico incluye probabilidad de secuelas, en este mismo rango de edad la cifra de varones cuadriplica a la de mujeres. El pico de edad de mayor incidencia se encuentra entre 15 y 24 años. Hay un segundo pico de edad entre los 65 y 74 años. Cuando el TCE deja secuelas la incidencia es aún mayor entre hombre que entre mujeres.   

    LA CUIDADORA

    En España, a pesar de los cambios producidos por la incorporación de la mujer al trabajo, todavía la labor de cuidadora de enfermo/as crónicos/as en la familia suele asignarse casi de forma automática por el resto de los miembros a las mujeres, independientemente del sexo del afectado/a, incluso de su relación familiar. Así, si en un matrimonio, queda afectada la madre, con mucha probabilidad se encargará de su cuidado de manera principal alguna hija, hermana o prima casi con prioridad al propio cónyuge o a algún hijo varón. Es por esto que, a pesar de que las cifras de cuidadores/as en teoría reflejen un 50% casi de igualdad entre hombres y mujeres, nos encontremos con una realidad muy diferente en la que el porcentaje de mujeres cuidadoras principales sea mucho mayor que el de hombres. Como pone de manifiesto el Plan de Atención a Cuidadoras Familiares de Andalucía, y que se reproduce en la situación de personas con DCS, la mayoría de las cuidadoras informales (83% de la muestra) son mujeres. La edad media está en los 57 años, lo que concuerda con la mayor prevalencia de trastornos que provocan dependencia a partir de esta edad. Esto se corresponde con los picos de edad de la incidencia del ACV y con la responsabilidad de madres de esta edad que se encargan de hijos jóvenes (entre 18 y 24 años) con TCE con secuelas.